Viajar es irse, fugarse, moverse siempre hacia adelante y de vez en cuando regresar para de nuevo volver a partir
sábado, 2 de octubre de 2010
Cuevas, tumbas y templos de Katas Raj II
Interior de algunas cuevas donde vivían y meditaban los sadus y santones.
De roca caliza, algunas son de varios kilómetros de longitud.
Cuevas, tumbas y templos de Katas Raj.
En el corazón del Punjáb, a unos 160 kilómetros de la capital Islamabad se encuentra uno de los lugares sagrados del hinduismo, el complejo de Katas Raj. Sus orígenes son fechados en el siglo III antes de Cristo.
Decenas de cuevas servían como hogar y sitio para la meditación de los muchos santones, durante más de 2000 años fue un lugar famoso de peregrinación al que venían gentes de toda la India a purificar sus almas, también en busca de milagros y remedios para la salud.
En un estado de semi abandono casi nadie las visita, los hindúes no lo hacen a pesar de considerarlo uno de sus lugares santos por sus malas relaciones con Pakistán desde la independencia de ambos países, lo musulmanes porgue este tipo de cosas ajenas a su religión se la trae al pairo, todo lo que no sea relativo a esta se considera de naturaleza pecaminosa, si se han conservado en ha sido en parte porque durante mucho tiempo se usaron como refugio de ganado y encontraron en ellas alguna utilidad.
La construcción blanca es una tumba nobiliaria donde eran enterrados reyes y nobles situada junto a la entrada de unas cuevas considerado un lugar sagrado.
En el lateral de una pequeño monte se encuentran esparcidos varios pequeños templos hindúes dedicados a a diferentes deidades.
Una de las pocas pinturas que aún quedan en el interior de un templo y que apenas se ha salvado de la barbarie y el ataque de los musulmanes que aborrecen este tipo de manifestación.
El guía nos muestra la tumba de uno de los nobles.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
La Noche en Islamabad

Se nos hizo de noche al volver de hacer el Treck nº3, solo la luz de la luna iluminaba nuestro camino, descendíamos despacio, en silencio, sin querer molestar a los seres y espíritus que moran en las estas montañas, no es recomendable quedarse de noche, hemos visto huellas de leopardo en el barro, uno de tantos animales que aún habitan estas tierras. Llegamos a un claro desde el que se podía ver la ciudad. Me quedo absorto y me digo para mis adentros... ¡Cuan bella se ve! Me quedo quieto y contengo la respiración. No cabe duda. Desde las colinas de Margala al llegar la noche Islamabad se ve una ciudad serena, plena de belleza; ajena a su condición de capital de un estado en guerra su imagen nocturna se aleja tanto de lo cotidiano y de la realidad cruda del vivir el día a día que a los ojos de este viajero el paisaje nocturno se ha tornado un espejismo de quietud y de paz, un sueño a la luz de luna que mansa se mece sobre el lago Rawal.
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