Viajar es irse, fugarse, moverse siempre hacia adelante y de vez en cuando regresar para de nuevo volver a partir

miércoles, 23 de mayo de 2012

siste, viator




¡Detente, viajero! 
¡Camina despacio entre las nubes de algodón! 
Ahora estás en el seno de un "bosque nuboso" allá donde las nubes son perennes y el cielo y el sol apenas aparecen alguna vez de forma furtiva; allá en lo más profundo de mi amada Colombia puedes admirar toda la belleza del universo escondida tras la mágica y enigmática bruma, y en reverencial silencio, desde lo más profundo del corazón, puedes orar al cielo por ello:
Viajero. ¡Déjate acunar por el suave rumor de la selva y disfruta de la inmensa obra de Dios!
!Alégrate insignificante ser por haber nacido y poder ver cosas así¡




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lunes, 21 de mayo de 2012

Salto Tequendama


El río Bogotá, que por estos parajes aún viaja lleno de contaminantes, se despeña a tan solo unos kilómetros de la capital por el hermoso y magnífico salto de Tequendama. Me cuentan que antaño este fue un lugar que escogían algunas personas para suicidarse, que desesperadas por el se arrojaban al vacío... Intento comprender, nada humano me es ajeno... quizás saltaron huyendo del dolor y del sinvivir cotidiano, o al vez, huían de otros hombres y mujeres;  incluso alguno quizás escapaba de si mismo, mas lo que no me cabe duda alguna al mirar el paisaje es que las ultimas imágenes que vieron eran muy, pero que muy bellas.

viernes, 27 de abril de 2012

El barbero de Katmandú


El sur de Katmandú este joven barbero se detiene un instante en su quehacer al vernos pasar, el tiempo parece que se detiene mientras nos mira con curiosidad infantil. Quien sabe, quizás se pregunta algunas cosas como ¿De que parte del mundo vienen tan raras gentes?  

jueves, 26 de abril de 2012

el Sherpa

Lo mejor de viajar es la gente que conocemos en el camino. En el tiempo que estuvimos en Katmandú cenamos varios días en un restaurante donde había música tradicional en directo,  algunos de los presentes animados por el alcohol salían a cantar y bailar al escenario junto a los artistas, el lugar era, por decirlo de alguna manera un karaoke folck al modo y gusto de los habitantes del lugar; a mi me encantaba la música y el ambiente  sin concesión para los turistas y viajeros. No señor, no era un lugar frecuentado por extranjeros a si que nuestra presencia era siempre llamativa y se nos acercaban curiosos a preguntar y conversar e incluso alguno intentó  sacarnos a bailar y cantar con ellos. Una  noche un  nepalí enjuto se acercó a conversar, nos preguntó y como hablaba algo de español se sentó a la mesa y poco poco fuimos intimando y conociendo quienes érámos y que hacíamos por estos mundos de Dios, el hombre resultó ser un sherpa de alta montaña genuino y que aprendió la lengua de Cervantes con los muchos ciudadanos de este país que visitan Nepal para escalar sus altas cumbres, batir no se que records, y también salir en las tv y en las radios como héroes de tebeo, al filo de lo imposible, etc. Le pregunté cuantas veces había escalado un ochomil, se paró a pensar y estuvo un buen rato haciendo memoria y contando, comenzó relatando los numerosos picos de más de ocho mil metros que había escalado: -creo que más de treinta- me dijo; no podía recordarlo todo pues vivo haciendo eso de continuo. -Y no solo por Nepal- comentó, -También en Pakistán-; en su relato descubrimos que algunos de esos ochomiles los había subido tres y cuatro veces, montañas míticas como el Everest... Ambos estábamos algo ebrios, le di una abrazó y sacamos una foto para el recuerdo.   Desde ese día dejé de admirar y respetar un poquito a los montañeros de occidente y aprendí que la verdadera gloría debería ser para estos pequeños y enjutos hombres que suben, bajan  y suben de nuevo a las más altas cumbres del planeta por la necesidad de ganarse la vida y que en los ratos libres se van a divertirse y tomar unas copas, a veces con gentes como el viajero que fue testigo y les relata estos hechos.