Viajar es irse, fugarse, moverse siempre hacia adelante y de vez en cuando regresar para de nuevo volver a partir
sábado, 21 de septiembre de 2013
Casares
Llegamos a primera hora de la tarde, hemos oído hablar mucho de este pueblo y las ganas nos invanden como un niño esperando abrir un regalo. El viaje es en coche sin aire acondicionado y el calor se hace sentir una vez dejada la costa del sol por la hemos viajado siempre cerca del mar, con su brisa siempre confortadora y nos dirigimos a la serranía que hace frontera con la provincia de Cadiz. La carretera sinuosa, serpentea adherida a las faldas de los montes. Después de superar uno de los cerros de la serranía dejamos de ver el mar, y a cambio, inundando nuestras retinas con su luz blanca aparece el pueblo de Casares. A primera vista parece un pueblo de cuento pleno de historias viejas que parece engarzado en la falda del monte como una preciosa joya. Entre el canto de la cigarras y un sol de los que llaman de justicia comenzamos a recorrer sus calles estrechas que se empinan hasta el limite que el buen caminar permite. Casas blancas todas ellas que reflejan la luz hasta cegar la mirada del viajero cuando presencia este espléndido pueblo al medio día de una tarde de verano.
El nombre de la ciudad se debe a Julio César, que al parecer utilizó los famosos baños de la Hedionda para curarse con sus aguas sulfurosas la enfermedad hepática que padecía.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Arrozales en el Punjab
Esa mañana, el sol parecía que no que quería salir, pero poco a poco, muy despacito, como si no fuera con el la cosa fue haciéndose notar. Sus rayos comenzaron a rompen la densa niebla y como por arte mágico convirtieron todo lo que iluminaban en oro. Puede ver ese milagro de la luz, según se movía danzando la niebla los árboles comienzan a surgir de la nada y cobran vida; en justo el momento en que los rayos victoriosos del sol atravesaron el denso manto de niebla que aún cubría por partes los arrozales desplazando a esta e iluminando el agua y arrozales que tan solo unos segundos antes mantenían todo entre herméticas sombras ocultas bajo el imperio azul del frío y las oscuras tinieblas.
Conduzco en silencio absoluto, disfruto toda la hermosura que ven mis ojos, de esos preciosos momentos en que los tonos cálidos desplazan el azul y al negro de la noche... cuando los amarillos de la luz, los sutiles naranjas, esos rojos intensos...¡Si! ¡Todos juntos formaban los dorados reflejos de un sagrado fuego que todo lo cubre de llamas que se reflejan en el espejo que son en esos momentos los arrozales; contengo la respiración y me digo para mis adentros:
¡Oh Dios! ¡Cuan bello! ¡Que mágico momento! Mientras, me emociono y me estremezco. ¡Si pudiera parar el tiempo!
Entonces me pregunto si acaso todo eso que veo es tan solo un mundo virtual dentro de mi cerebro. ¿Tanta belleza puede ser solo una interpretación subjetiva de mis neuronas, de mi mente a las señales que recibe a través del nervio óptico? ¿Cuanto pone mi imaginación en ello? ¿Cuando lo recuerde será todo tan bello o como si fuere un Replicante Nexus... Todo se perderá en el tiempo como lágrimas en la lluvia? En todo caso me acuerdo de Calderón y todo me parece un sueño. Un sueño del que no quisiera despertar nunca. Entonces recuerdo que llevo una cámara, detengo el coche a un lado del camino e intento atrapar el momento, coger la luz y dejarla dentro... pero no es tarea fácil.
No es lo mismo, ya lo sé, pero quizás esta foto de la parte superior
pueda ayudarles a hacerse una idea de como esa mañana los rayos de luz
venciendo a la noche y cuan rey Midas todo lo cubrieron de oro en las
fértiles tierras del Punjab que encontramos cuando dejamos atrás Multán
camino de Bahawalpur.
jueves, 7 de marzo de 2013
pecunia anima et sanguis est mortalibus
El hombre desde que inventó el dinero ha ido poniendo precio a todo lo que le rodea: a las cosas materiales, a los animales, a las virtudes, y defectos también; el amor se vende y se compra, el poder que lo es todo... incluso los más sublimes valores espirituales se compran y se venden y son pagables en monedas de oro, plata o bronce...

En varios viajes a Taxila, y Peshawar y compré algunas monedas...
viernes, 18 de enero de 2013
El arte de viajar
Cuando uno coge un buen libro entre sus manos y comienza su lectura emprende también un viaje; cuando tuve entre mis manos por primera vez el libro "El arte de viajar" del filósofo Alain de Botton, no sabía a ciencia cierta si lo que tenía entre mis manos era un libro de viajes o un libro de autoayuda de esos de los que todos huimos, o si es de esos libros penosos sin apenas contenido interesante y que sus autores suelen ejecutar como mercenarios a sueldo para financiarse sus propios viajes o caprichos; o, si en verdad es un gran libro con el que aprender y disfrutar. Pues bien, para un viajero irredento leer el libro de Alain de Botton ha sido un verdadero placer y una fuente de conocimiento. Lo primero es decir que está muy bien escrito y se lee de un tirón. Alain de Botton vuelca en sus páginas sus experiencias y visión personal sobre los viajes tanto de los aspectos positivos como de los negativos; habla sin tapujos de las frustraciones y los desengaños de los que a veces somos víctimas cuando vemos la publicidad y las fotos con el que las agencias de viajes nos seducen y nos engañan ofreciendo conocer nuevos paraísos; de como nos sorprenden esos pequeños viajes de los que no esperábamos gran cosa y como nos defraudan otros viajes en los que depositamos grandes expectativas; nos cuenta las experiencias de otros viajeros importantes y famosos, de los pioneros y de la opinión de otros escritores y filósofos.
El arte de viajar es sin duda alguna un buen libro que nos seduce con su amena lectura. En el encontramos pistas para sacar más partido a nuestros viajes y las claves para enriquecernos un poco más, para convertirnos en homo viator para el que la vida es un viaje, un largo camino en el que el hombre, peregrino, va cambiando y se va purificando, convirtiéndose en una persona más sabia y madura a medida que experimenta las adversidades de la vida. Si te gusta viajar ya sea dando la vuelta al mundo o desde tu habitación, o acompañado con un buen libro; si te gusta conocer y sorprenderte como lo hace un niño coge este libro viaja con el y disfrútalo. Recordad amigos míos que esta vida es el más y grande y maravilloso viaje, que son cuatro días y que quizás el mejor viaje no sea al Caribe, ni a Londres, Tokio o Katmadú, quizás el mejor viaje que puedes hacer hoy es que ahora mismo apagues el ordenador vayas al lado de esa persona que te ama y con las yemas de los dedos viajes por el más maravilloso paisaje que es su suave y cálida piel.
¡Ve ya!
¡No pierdas más tiempo!
¡Y que tengas un buen viaje!
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